29/09/92

>> Puedo pasar mucho tiempo observando materia en descomposición. Me produce un estado de contemplación cósmica. La acción de destruir nunca me atrajo tanto como el espectáculo de la podredumbre. Observándola día a día se empiezan a descubrir detalles ínfimos en la transmutación. Durante una época me dediqué a provocar hongos en la coca cola, en carozos y en hamburguesas (una vez plastifiqué una y meses después empezó a exudar un líquido escarlata rarísimo). Lo mismo sucede al escuchar Colección Vacía (cassette, 1990): oyéndolo no se perciben las diferencias sutiles que van ocurriendo; uno parece seguir sólo repeticiones y cae como en un trance ante unas secuencias siempre idénticas.

>> La autorregulación del proceso de pudrición es también afín a mis criterios sobre la producción musical. Comparo esta actitud de no intervención con mi ideal para componer: dados los materiales, la cuestión es que funcionen por sí mismos con el menor grado de ingerencia.

>> Estas metamorfosis suelen mostrarse en cámara acelerada cuando se las usa para documentales. El objetivo es que la gente desprecie el ejercicio de observar con detenimiento; le ofrecen un Reader's Digest de la contemplación, o, lo que es peor, se maquilla la situación de esteticismo. Al estetizar la aceleración se agrega tolerancia, pero se resta disponibilidad para la percepción.